Para atrapar al lobo, a veces hace falta la ayuda de otro depredador.
En Getafe, un cadáver aparece en la habitación de un hotel: un joven, con heridas que no encajan y una inscripción grabada en el rostro —TH27—. La inspectora África se hace cargo de un caso que el forense duda en calificar de homicidio.
Pero el patrón se repite. A medida que África profundiza en la investigación, descubre que no está persiguiendo a una asesina cualquiera. La amenaza se multiplica cuando, en paralelo, un segundo depredador empieza a actuar con una violencia mucho más explícita, obligando a África a dividir fuerzas entre dos cacerías.
TH27 es un thriller policial de ritmo trepidante, con un punto de humor negro y una protagonista que no encaja en los moldes habituales del género, y que descubrirá que, a veces, para atrapar al lobo hace falta la ayuda de otro depredador.
Inspectora, ¿Ha visto las noticias?
La madrugada olía a flores. Por algún motivo, el habitual olor a humo había faltado esa mañana. África se sintió especial. Aunque llevaban más de una semana atareadas intentando localizar el paradero del lobo, cruzando los datos que el muchacho les había dado, no dudó en tomarse un descanso antes de comenzar a trabajar ese día. Se acercó a una gran franquicia de café y bollos a la que iba con frecuencia, tan prestigiosa como cara, y compró un desayuno poco habitual. De muy buen humor, se fue con las dos enormes tazas de papel y la caja de donuts rellenos al lugar más lúgubre de la ciudad, a desayunar con su viejo amigo el forense.
—¡Vivo entrando! —gritó para no espantar a la única otra persona no muerta a esa hora de la mañana.
—De muy buen humor te veo; no debes haber visto las noticias.
—Es la fórmula mágica: no mirar las noticias alarga la vida.
—No me refiero en general, quiero decir hoy en particular.
—¿Hay noticieros a las seis de la mañana?
—Y a las cuatro. Deberías madrugar más para saber cómo es el mundo de verdad.
—Quita, quita, que bastante tengo con lo que tengo.
—Anda, mira las noticias de algún portal de Alicante.
—¿Qué se te ha perdido en Alicante?
—¿A mí? Toma, mira ¡qué lindo regalito! Lo que pediste a los Reyes Magos se te ha adelantado.
Tomó la tablet que el galeno le entregaba y leyó el titular de un periódico local: “Joven es encontrado muerto en Ibi, en la habitación de un hotel, con múltiples cortes por todo el cuerpo.” Aunque la policía ha descartado el asesinato, ya que las pruebas preliminares indican que murió por un problema cardíaco, los cortes en el cadáver han desconcertado a las autoridades. Por ello, la Unidad Orgánica de Policía Judicial (UOPJ) de la Guardia Civil de la Comandancia de Alicante se encargará de la investigación.
—Toma, los civiles para otro niño cachas pasado por el bisturí.
—¿Cuándo ha sido esto?
—Hace un par de días. Lo vi esta mañana, pero ya lo habrán pasado a la columna de “Aquí no hay nada que investigar”.
—¿Sabes algo más?
—Que estás deseando dejarme solo con el café para marcharte a Ibi.
—No te das una idea.
—¡Tráeme miguelitos de La Roda! —gritó mientras la mujer salía a las galopadas.
—Eso es de Albacete —se oyó tras las puertas que se cerraban.
Antes de las siete de la mañana se encontraba aporreando la puerta de la casa de Mateo, a quien acababa de dejar con una caja de donuts a los que comenzaba a echar de menos. Con los ojos aún pegados, la esposa del galeno abrió la puerta al reconocer los gritos y, dejando espacio, sin siquiera abrir la boca, permitió entrar a África. Se dejó caer sin resistencia en el enorme sofá que presidía el salón mientras murmuraba…
—Mi marido y tú vais a acabar matándome —dijo mientras, dando saltos eléctricos, la huesuda Alba bajaba por las escaleras—, y esta también; os habéis complotado para amargarme la vida. No sé a dónde vais, pero cuida a mi niña.
—No soy una niña, mamá; llevo pistola.
—A los ocho también llevabas, locuras de tu padre, y eras una niña… Y lo sigues siendo para mí —terminó gritando mientras la muchacha desaparecía tras la puerta.
La mujer dio un beso en la mejilla a África, la abrazó con cariño materno, e insistió:
—Cuidado, ahí afuera están todos locos.
África sonrió al pensar que la única persona realmente cuerda que conocía se quedaba dentro de esa casa, así que no se atrevió a contradecirla. Llevaban media hora de camino; aún no había comenzado oficialmente la jornada laboral cuando el manos libres del coche advirtió que Angustias la llamaba.
—Angustias, buenos días.
—Inspectora, ¿ha visto las noticias? —respondió con cierta ironía.
—Sabes que no veo las noticias; madrugo mucho para trabajar.
—Siempre al pie del cañón antes de las siete.
—Siempre.
—Buenos días, Alba. Puedo adivinar que estás escuchando.
—Buenos días, jefa.
—Jefe ¿Os importaría decirme a dónde van tan temprano?
—Estamos atando cabos, a ver si por fin tenemos algo concreto.
—De ahí tu respuesta ambigua. ¿Llamo a Ibi para que las estén esperando?
—¿Por qué supone que vamos a Ibi?
—Estoy segura de que no irían sin mi consentimiento; supongo que tampoco a Alicante, que es donde está el cuerpo.
—No haríamos nada a sus espaldas, jefe.
—Mejor así. Ya me vais contando qué averiguáis allí... a donde no están yendo. Y traedme miguelitos, ya que van.
—¡Que eso es en Albacete!